Inteligencia Artificial, Otra vez.

Si una vieja (con todo respeto al adulto mayor) me preguntara en la parada del ómnibus (lugar que propicia todo tipo de intercambio intelectual) de dónde proviene la Inteligencia Artificial, trataría de contarle algo como lo que sigue:

La Inteligencia Artificial, señora, nació con la computadora digital. La figura predominante en este asunto es el matemático inglés Alan Turing que inventó la computadora de propósito general.

Demostró formalmente el concepto de computación universal. Esto es, señora, todas las computadoras son fundamentalmente equivalentes independientemente de los detalles de cómo son construidas.

Imagine una máquina con tres partes: una caja procesadora, una cinta infinita de papel y un dispositivo capaz de leer y editar marcas en el papel mientras se mueve hacia adelante y hacia atrás sobre la cinta.  El papel es para almacenar información, por ejemplo, los famosos unos y ceros del sistema binario.

Construir estas máquinas como ejercicio académico en lápiz y papel es común para los estudiantes de computación y constituye una poderosa herramienta de tortura.

La caja (que es la CPU) es un conjunto fijo de reglas capaces de leer y editar información sobre la cinta. Turing probó matemáticamente, que si usted elige el conjunto correcto de reglas para la CPU, dispone una cinta de papel lo suficientemente larga, entonces puede realizar un conjunto importante de operaciones (calcular raíces cuadradas, la trayectoria de proyectiles, jugar partidas de ajedrez, etc.). Se ha venido a llamar a esto la máquina Universal de Turing.

La revolución de la computación está basada en lo anterior. Luego Turing centro su atención en la inteligencia. Esquivando con astucia toda definición, propuso su famoso Test. Si una computadora puede engañar a un ser humano que la interrogue entonces será inteligente.

Aquí nace, si Ud. quiere, el dogma de la Inteligencia Artificial. El cerebro humano no es ni más ni menos que otra computadora.

Conviene saber, a no ser que me haya perdido algo, que no tenemos ni idea acerca de cómo funciona el cerebro en primer lugar, de modo que simularlo suena un tanto incómodo. Al menos, por el momento.

Ahora sí, puede que tenga más sentido para Ud. de dónde surge la idea de elaborar el extraño caso de la habitación china.

Nota: “Me propongo someter a consideración la siguiente pregunta: ¿Pueden pensar las máquinas?”.
Este párrafo, es el comienzo del artículo “La Maquinaria de Computación y la Inteligencia” publicado en la revista Mind por Turing en 1950. Este artículo esta disponible en la Internet.

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2 comentarios

  1. gustavoferrero · · Responder

    Al leer este artículo me doy cuenta que me faltaba una ocasión para celebrar la elegancia de tu capacidad de síntesis. En este caso, la señora habría quedado con una idea clara sobre el tema. Pero además, probablemente, ha de haber partido sin saber – y esto es algo habitual en el devenir de lo fortuito –, cuan afortunada fue de encontrarse justo con quien mejor le podía explicar todo esto en la siempre breve y temeraria fugacidad de una parada del ómnibus.

  2. @Gus… en cualquier momento tomo tu comentario y lo anoto como nuevo “post”.. es más elegante y ocurrente que el mio.. 🙂 como siempre, te mando un gran abrazo!

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