El trabajo necesario para tener una Opinión

Leí en el transporte capitalino una nota sobre tener opiniones publicada en Farnam Street. La nota es larga, de modo que me tomé el trabajo de sintetizarla a todos los efectos de visitarla más adelante. Como el asunto es un tema un tanto serio, agregué una aplicación de las recomendaciones en un tono un tanto jocoso, desde luego, homenaje a un pasaje de un viejo libro «Crónicas del Angel Gris«.

Mis notas en lo que sigue:

¿Cuántos de nosotros hacemos el trabajo requerido para tener una opinión sobre un tópico en particular?

Hacer tal trabajo implica, al menos, leer sobre el asunto, hablar con otras personas y escuchar sus argumentos, pensar de forma racional y no emocional, ser el mejor crítico de nuestra opinión.

Lo anterior, también implica tener la honestidad intelectual de abandonar nuestras ideas preferidas en caso de ser necesario.

Solo cuando uno puede argumentar contra uno mismo mejor que los demás es cuando Ud. ha realizado el trabajo necesario para tener y sostener una opinión.

Se puede decir que grandes pensadores como el mismísimo Charles Darwin hicieron el trabajo requerido para sostener una opinión. Nuestro deseo natural es buscar hechos, argumentos y datos que confirmen aquello que creemos que sabemos.

Existe una enorme diferencia entre las personas que descansan en opiniones ajenas y aquellas que hacen el trabajo para tener una propia.

Hagamos con lo anterior un ejercicio en el cual se exponga un problema y  una serie mínima de argumentos inexpugnables.

¿Qué opinión le merece la funesta desaparición del juego de la bolita?

Resulta difícil hablar del juego de la bolita sin entrar en espinosas controversias. Es sabido que éste juego ha decaído en popularidad a una velocidad inexplicable desde hace algunas décadas.

Supongamos que en el apogeo del juego cada niño aficionado al mismo tuviera en su casa un bollón de, en promedio, 50 bolitas. Si hubiese 10 millones de niños en un momento dado del tiempo tendríamos unos 500 millones de bolitas. ¿A donde pepino fueron a parar?. ¿Cuanto hace que Ud. no ve una bolita?

Ud. debe preparase para escuchar con atención a aquellos que argumentan que fue el tiempo quien las destruyo. Otros que argumentan que existe una conspiración mundial contra un juego de tal violencia.

Incapaz de formarse una opinión, decide comentárselo a una vieja mientras espera en la parada del bus. La vieja, que ya está más cerca de tocar la lira que la guitarra, lo increpa argumentando si Ud. alguna vez vio de que marca eran las bolitas o si conoció alguna vez un fabricante de bolitas. Sin poder identificar su procedencia, la vieja anota que las bolitas no eran otra cosa que extraterrestres cuyo plan de conquista sobre la tierra fracasó y tuvieron que irse.

Agotado intelectualmente Ud. decide que no vale la pena formarse una opinión al respecto.

 

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