Sobre Arriesgarse

Se puede decir, sin temor a indignar a los expertos que, para muchas personas los tiempos que corren carecen de grandes propósitos. Todo gran propósito incluye, desde luego, grandes riesgos.
Este obtuso pensamiento me es un tanto re recurrente cuando estoy trabajando en alguna iniciativa laboral. Detesto operar bajo un modelo de eficiente mediocridad. Detesto las pequeñas mejoras incrementales, la disminución de riesgos inventados y los cambios que devienen en que todo quede como estaba. Me niego a reconocer que este equivocado, a menos que evidencia empírica que me demuestre lo contrario.
Todas las personas desean ser parte de algo mas grande que ellos y de hacer una contribución significativa. Cuando no lo encuentran en algún lugar (como su trabajo) lo buscan en otro (hobbies, clubs, etc).
Se puede argumentar que el trabajo es solamente una actividad para solventar aspectos mundanos, que lo importante son otras cosas, pero para muchos, el trabajo representa 8 o 9 horas de su día. Matemáticamente hablando, usted pasara gran parte de su vida allí mientras la interrumpe con pequeñas vacaciones y resfríos de ocasión. Luego se da cuenta que lo anterior, sin haber logrado ningún propósito concreto, es efímero.

La disminución de riesgos como modelo mental

Los inventos exitosos de nuestros tiempos parecen tener como destino ahorrarnos tiempo y/o disminuir riesgos. Dejemos de lado el ahorro de tiempo (cuyo cometido no es que usted tenga mas tiempo para asegurarse la vecindad de hermosas jóvenes bien dispuestas, sino que usted trabaje más) y meditemos sobre la disminución de riesgos.
Al disminuir riesgos también disminuye el espacio para lo inesperado, para la sorpresa y para grandes propósitos. Falsos profesores de la cátedra de ungüentos para la piel ofrecen algunos ejemplos concretos.
  • El cierre de cremallera previene, ante todo, que usted aprisione sus partes intimas.
  • Los relojes modernos ofrecen información detallada sobre su ritmo cardíaco. Si usted es una locomotora en el ejercicio de su virilidad, conviene no morir mientras satisface sus ardores. Mitad por elegancia, mitad por respeto a la homenajeada en cuestión.
La cátedra que integran estos profesores insiste en comprobar su hipótesis que puede resumirse como sigue: ya nadie se agacha para ver porque no explota el cohete.

La alternativa peligrosa

De modo que lo que resta es, hacer lo opuesto. En lugar de sentarse a esperar al cordón de la vereda por si las cosas salen mal, proponer accionar aún en el error. Después de todo, es desde ese lugar que puede intentar algo.

Nota

Como siempre, el texto de arriba está repleto de metáforas e influencias ajenas en la forma de narrarlo. Toda falta de astucia es, desde luego, propia.
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