Intercambio Epistolar: Sobre dictar clases en la Universidad

Esta nota corresponde a otra epístola electrónica reciente. La Universidad donde dicto clases envía meticulosas encuentas a los estudiantes que luego son procesadas y  distribuidas a los profesores. Los estudiantes suelen premiar el esfuerzo en la conducción de las clases y castigar lo que crean conveniente. Obtener buenas notas es un accidente que me ha ocurrido un tanto seguido, de modo que, ante la pregunta de una autoridad intelectual sobre qué cosas hacía en clase, intenté balbucear una respuesta. 

Sobre el dictado de clases

Me resulta complejo articular si en el ejercicio de la docencia hago algo diferente que me proporcione accidentalmente mejores evaluaciones. Primero porque no estoy convencido de que sean buenas, segundo porque sé, por experiencia, que la preparación de una sola clase que se aproxime a lo excelente excede mis posibilidades tanto materiales como intelectuales.

Una profunda reflexión (como de diez minutos) que denuncie de forma involuntaria que suelo hacer en el salón de clase no puede separarse de algunas ideas que justifiquen porqué lo hago. No está demás decir que un ejercicio mucho más sencillo sería anotar todo aquello que no hago bien.

Personalmente, enseñar reside en una contradicción. Por un lado, la satisfacción egoísta que produce amueblar una idea de la forma más elegantemente posible o, el caso contrario, llegar a lo esencial removiendo lo accesorio para que el estudiante alcance el entendimiento. Lo anterior requiere, satisfacer primero una necesidad personal, en general: la curiosidad.

Por otro lado, exponer lo anterior es un acto de genuina generosidad que uno puede apreciar ante las cejas enarcadas de los estudiantes cuando se le postula al cerebro la idea que han comprendido algo. Lo anterior produce, como sabe todo el mundo, cierta satisfacción personal.

Confesado lo anterior, bosquejo algunas ideas que gobiernan la ejecución en clase:

  1. Entrenido
  2. Interesante
  3. Empatico

Entretenido

Leí hace muchos años que cuando Borges enseñaba literatura manifestaba un nulo interés en las evaluaciones formales. Siempre estuve en acuerdo. El premio debía ser, ante todo, el reto intelectual que el docente ponía encima de la mesa en un salón de clase.

El viejo (que nunca me cayó en gracia pero escribía como los dioses), decía que no había derecho a escribir libros aburridos y yo me convencí que, de la misma manera, uno no puede dar una clase aburrida.

Ahora bien, el humor en clase es, como sabe cualquiera, muy peligroso. Es un último recurso para temas áridos o que por naturaleza no les vaya a interesar. Está en los detalles difíciles de percibir, en la elección cuidadosa de las palabras, las frases o, por ejemplo, las formas decimonónicas de expresarse.

El humor inteligente no es otra cosa que sorpresa intelectual, de modo que sorprenderlos los hace prestar atención, pero con cierto grado de entretenimiento. Chesterton advirtió que el entretenimiento no es lo contrario a lo serio, sino a lo aburrido.

Interesante

Creo entender qué hay profesores que, extendiendo el mencionado egoísmo más allá de lo conveniente, piensan que la materia que dictan es el ombligo del mundo. Que con complejos ejercicios de palabras cruzadas y ecuaciones diferenciales es que pueden resolverse los problemas más relevantes del mundo, por ejemplo: la calvicie. Es como el profesor de álgebra que, mediante falsos conjuros, pretende hacerle creer al estudiante que antes de Pitágoras no había forma de hacer un ángulo recto o presenta enormes dificultades para articular cuando puede aplicar la tangente de un ángulo en la vida cotidiana.

Para simplificar la exposición, yo asumo lo contrario. Que, por defecto, el temario (aunque a mí me apasione) les provoque tanto entusiasmo como la siembra de nabos, es decir, ninguno. Es allí donde aparece el reto de hacerlo interesante cuando se asume que les resultará aburrido, sea diseño, arquitectura de software o creatividad e innovación o el más obtuso curso de perito calígrafo.

Como esto son solamente notas y no un ensayo, agrego incursiones concretas del dictado anterior:

  • En Creatividad, presente aspectos de interés para el curso de la vida del icono del pensamiento Creativo: Leonardo da Vinci. Conviene anunciar que elijo a Leonardo por la vecindad de los 500 años de su muerte.  Cuando los medios traigan la noticia dentro de un tiempo tendrán la asociación involuntaria con la materia, tal vez con una idea de la clase. En ese caso, el daño está hecho!.
  • Sobre el diseño en general (BAUHAUS, diseño en BRAUN, diseño moderno en general) para que tomaran una visión más holística de la meta-disciplina.  Mientras, quien suscribe, sólo araña la superficie de esta área de conocimiento.
  • Sobre las restricciones en el diseño elegí la batalla del Río de la plata (Graff Spee), otra fiesta de cumpleaños, a saber, 80 años en diciembre.

Un pensamiento rápido puede concluir que la Historia es lo que se incluye aquí para beneplácito exclusivo del docente. Lo anterior es una simplificación. Más bien suele ser el resultado nefasto de intentar mirar de forma múltiple-disciplinaria. Después de todo, para dar un ejemplo, el pensamiento crítico que se le exige al estudiante es hijo legítimo de la Filosofía y requiere ciertos conocimientos (que no tengo) de lógica informal.

Empático

Es también muy sabido que uno no debe ponerse de ejemplo en ninguna circunstancia. Esto es, hablar de uno mismo en una presentación o en un salón de clase a menos que uno sea una autoridad muy reconocida en la materia.

Suelo hacer caso omiso a las recomendaciones de los ilustres. Les muestro mis libretas de notas, las Moleskine, su historia, el concepto detrás de las notas, lo que provoca la lectura activa y a donde rábanos van a parar mis ocurrencias y las de ellos. Cuándo y cómo tuve una asociación de ideas producto del trabajo ajeno y jamás de mérito propio.

Manifiesto una preocupación genuina por problemas personales de los estudiantes que interfieran con su desempeño, alentando la comunicación privada y urgente, después de todo, algunos estudiantes también son seres humanos, lo anterior es una donosura.

Para finalizar, mis dictados denuncian una profunda ignorancia tanto del ejercicio docente como de las materias, pero soy egoísta y sigo tratando de entender los tópicos en cuestión. De modo que, si alguien argumenta que hay algo de entretenido, no se trata de organizar un picnic erótico sobre ruedas en el salón de clase sino, más bien, en asuntos de gusto personal. Dicto las clases que me gustaría recibir, de modo que, tengo la expectativa de que aquello que es interesante para mí, lo puede ser para los estudiantes. La empatía (palabra que uso desde hace poco), es un ejercicio de humildad. De la misma forma, deben leerse estas notas.

 

 

2 comentarios

  1. Muy bueno. Si yo fuera el alumno y tengo enfrente un docente con tanta curiosidad e inquietud intelectual, salvo que sea un obtuso total en comunicación (que los hay), me resultaría muy motivante ir a clase y seguro que termino poniendo las cruces en los casilleros más a la derecha de la encuesta 🙂

    Aprovechando el tema, va mi intento de aportar algo:

    Hace unos años en la ceremonia de graduación universitaria de un familiar, se homenajeó a una docente que se retiraba luego de varias décadas de actividad. En su breve discurso de despedida dijo algo que me encantó , lamentablemente no pude retener quien era el autor y Google aun no pudo ayudarme a encontrarlo, por lo que no puede citarlo ni tampoco escribir fielmente la cita, de todas maneras más o menos decía así: cuando uno empieza a dar clases, trata de enseñar todo lo sabe, luego con el tiempo trata de enseñar lo que comprende y finalmente enseña lo que realmente es útil.

    1. @Esteban: Brutal la anécdota. Agradecido por el comentario que no hace otra cosa que enriquecer la reflexión. Los alagos son bien recibidos, viniendo de otro profesor Universitario 😉
      Gran abrazo! Siga comentando!

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